Calçotada o ¿Cómo quemar cebolletas y convertirlas en una auténtica pasión?



Calçotada o ¿Cómo quemar cebolletas y convertirlas en una auténtica pasión?

Se coge…

  1. una de las verduras más baratas que normalmente ni sale en los libros de cocina: La cebolleta, muy semejante a la cebolla blanca y por su forma muy similar al puerro, en catalán, calçot.
  2. una barbacoa o una parilla (porque estamos en invierno) o simplemente un sitio donde puedes hacer fuego
  3. un poco de leña (no utilizar carbón vegetal porque cambia el sabor! )
  4. un mechero o mejor, unas cerillas para encender el fuego (lo menciono porque afortunadamente, hoy en día hay tan poca gente que fuma y lleva un mechero encima!)
  5. papel de periódico (también escaso estos días) para mantener los calçots calientes y llevarlos a la mesa
  6. unas verduras más (mejor preguntar a una llaia, es decir a una abuela catalana, por la receta) para que te salga la famosa salsa de Romesco.

Los calçots se echan directamente en las brasas para que se asen bien por dentro. Cuando estén bien negros desde fuera, se lleva a la mesa y, por los que siguen la tradición, se sirven en una teja (de verdad, de tejado!!!). Cada uno coge con los dedos la parte de la base de la cebolla (donde antes estaban las raíces), con una mano y con la otra mano tira las hojas quemadas hacia abajo, para quedarse con la parte central, blanca y tierna de la cebolla en la mano. Esta misma se moja en un cuenco individual que contiene la salsa esta.

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Y cuando una vez has celebrado una calçotada, ¡ya no necesitas más explicaciones por qué hay tanta pasión por este tema!

  • ¡La salsa romesquera suele ser bonísima! Así, la cebolleta se disuelve en tu boca como si fuera chocolate, incluido un toque de sabor de dulce.
  • Puedes comer con tus dedos, y nadie lo vea extraño. Y es más: Más sucio se queda la mesa, mejor! Está guay de ser guarroooo 🙂
  • Se acompaña de vino tinto de la región que se bebe desde el porrón.
  • Es habitual ponerse un babero para evitar mancharse la ropa con trozos de cebolla quemada o manchas de vino tinto. Así que ¡no te preocupes!

En fin, ¡es todo un evento! O más bien un encuentro culinario entre varias personas que quiere decir que las calçotadas se comen en grupos pequeños o grandes, pero tiene que ser un grupo.

Esta costumbre dicen que nació en Valls, situado en la provincia de Tarragona. Allí, cada año en enero se encuentran centenares de personas para hacer calçotadas en las calles.

Así es la cosa verdadera.

Pero también se puede comer calçots en un restaurante que suelen ofrecer calçotades desde enero hasta abril. Nosotros fuimos a comerlas después de una caminata desde Barcelona, en el famoso restaurante payes de Masía Can Borrell, un sitio único en medio de los campos en un edificio medieval en las afueras de St. Cugat.

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En un restaurante es otra cosa. Pero allí también, te suelen facilitar un barbero de papel, vino servido en un porrón y hasta guantes de plástico! Es otra manera, pero también muy buena!

¡Viva los calçots!

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